miércoles, 28 de enero de 2009

Lincoln, Obama, México…


“No hay nada tan poderoso como una idea cuyo tiempo ha llegado”.
Víctor Hugo.

Habrá tiempo para analizar en detalle el discurso de toma de posesión del demócrata Barack Obama como 44º Presidente de los Estados Unidos, y cuatro años para contrastar los resultados de su gobierno con los ideales que potenciaron la llegada de un negro a la Casa Blanca para culminar, como expresara la senadora Dianne Fieldstein, “el camino iniciado [en 1963] en el Memorial de Lincoln [por Martin Luther King]”.

Espero que Obama haya leído bien a su Lincoln. Fue el primer republicano que alcanzó la Presidencia y promulgó la abolición de la esclavitud por razones más de realpolitik que de altruismo idealista. Y un Presidente que comprendió que no había relación más importante para su país que aquella con México, el vecino del sur.

En 1861 México era una pieza clave para definir el rumbo de la guerra civil que desgarraba a los Estados Unidos. Un bloqueo marítimo de la Confederación obligaría a ésta, en alianza con Francia e Inglaterra, a buscar una salida al algodón para las textileras de estas naciones y recibir pertrechos de guerra, a través del territorio mexicano En México, la agria memoria la guerra de 1846 y la pérdida de las provincias del norte al “destino manifiesto de los yanquis” hacía incierta la postura que el país tomaría hacia los bandos en contienda.

Lincoln actuó rápidamente. Apenas una semana después de su toma de posesión, nombró a su viejo amigo y aliado político Thomas Corwin como enviado extraordinario y ministro plenipotenciario a México y a diferencia de otros embajadores de la administración, le ordenó expresamente trasladarse de inmediato y sin demora a su destino.

¿Por qué Corwin? El profesor Jeffery Auer del Oberlin College (a quien cito en este texto), sugiere que no había en Estados Unidos en aquel momento un político mejor calificado para representar a su gobierno en el vecino país. “En los cuarenta, el coloso del norte se había apropiado de la tercera parte del territorio mexicano; en los cincuenta, todos los embajadores acreditados ante la nación despojada fueron sureños, esclavistas, acólitos del destino manifiesto, y ni uno de ellos ajeno a la idea de que otras porciones del territorio mexicano debían integrarse” a las estrellas de Old Glory.

Corwin, en cambio, había encabezado la oposición al presidente Polk, a la guerra con México, a la expansión territorial y al esclavismo, desde las filas del partido Whig. En un discurso extraordinario que sin duda retumbó tanto en Palacio Nacional como en el recinto del Senado norteamericano, puso a los intervencionistas en el banquillo de los acusados: “Si yo fuese mexicano les diría, ‘¿No tienen suficiente espacio en su propio país para enterrar a sus muertos? Porque si invaden al mío, ¡los recibiremos con manos sangrientas y sepulcros dispuestos!’”

El periodista Horace Greeley reconoció la importancia del nombramiento en el New York Tribune del 13 de marzo de 1861: “En la actual crisis la Embajada en México bien pudiera convertirse en la más importante de todas nuestras relaciones exteriores, y es afortunado que un estadista tan hábil y capaz como el Sr. Corwin haya sido seleccionado para la delicada tarea de contrarrestar en esa región los designios filibusteros de la Confederación”.

Corwin recibió instrucciones precisas para garantizar a Benito Juárez la amistad y el apoyo del gobierno de Abraham Lincoln, particularmente frente a la intención confederada de anexar territorio mexicano: “Dará usted seguridades al gobierno de México de que el Presidente no tiene, ni tendrá, simpatía alguna hacia tales designios”. Y para subrayar la importancia que se concedía a las relaciones entre los dos países, la directriz añadía: “Sea observador y utilice todos los recursos a su alcance para contrarrestar cualquier intento de reconocimiento [diplomático] a la Confederación, y asegure a México que la actual organización política en los Estados Unidos es la mejor garantía para su integridad, unidad e independencia”.

En una nota personal, el secretario de Estado William Henry Seward dijo a Corwin: “El Presidente confía en que su misión dará garantías al gobierno de México sobre su mejor intención de favorecer su comercio y su desarrollo nacional. Espera, en verdad, que la misión de usted, investida de un espíritu superior al del intercambio comercial y la amistad convencional, desinteresado y sin ambiciones, cabalmente americano en el sentido continental de la palabra, y fraterno en términos ajenos a las apariencias y a las convencionales fórmulas diplomáticas, al tiempo que procure la confianza y la buena voluntad del gobierno de México, inaugurará una nueva etapa de relaciones que conduzca a la prosperidad y felicidad de ambas naciones y en última instancia sea un ejemplo de buenos auspicios para todas las naciones republicanas en el mundo”.

Corwin, quien por cierto no hablaba español, en su fuero interno se convirtió en un aliado político de Juárez y el Partido Liberal y ya en agosto de 1861, ante la inminencia de la intervención francesa, española e inglesa, cabildearía para que Washington autorizara préstamos que le permitieran aliviar la presión de sus acreedores europeos. Y cuando Maximiliano se instaló en México, el Ministro hizo evidente por todos los medios el no reconocimiento del gobierno imperial y el mantenimiento de las relaciones con el régimen de Juárez, que el propio Lincoln ratificó en Washington al embajador Romero Rubio.

Por su parte la Confederación no se cruzó de brazos. En el mismo año el presidente Jefferson Davis nombró como su representante en México al coronel John Pickett, un joven y encantador soldado de fortuna y filibustero, y le instruyó para ganar a Juárez a la causa sureña –mientras maniobraba para propiciar la anexión del país. En una de sus cartas –interceptada por un agente mexicano de Corwin y puesta en conocimiento de Juárez-, dice a su gobierno: “No creo necesario abundar en las enormes ventajas que la Confederación obtendría de los ilimitados recursos agrícolas y minerales de México, así como de la posesión de la invaluable vía del Istmo de Tehuantepec… Los españoles son ahora nuestros aliados naturales y en alianza con ellos podemos tomar posesión del Golfo de México y llevar a cabo el reparto de este magnífico país”.

Esperemos a ver quién será el embajador de Obama.

(La semana próxima: King, Obama…)

Molcajeteando…

¡No es justo! O el más joven de los Romero Hicks posee los más rápidos reflejos políticos de la comarca, o el cielo le mandó a un(a) consultor(a) de las grandes ligas, o todo fue una perversa estrategia para reposicionar a Guanajuato en el mapa político. El caso es que al igual que el “hoy, hoy, hoy” de Fox, el alcalde hizo de la torpeza virtud y en menos que canta un gallo pasó de la prohibición de los besos a la declaratoria de su ciudad como “la capital del beso”. Ese tal cual no tiene consideración alguna para los columnistas políticos que día a día arrancan una mísera subsistencia de tan menguada profesión. Pienso convocar a una peregrinación de mis colegas al Cerro del Cubilete en donde oraremos para que el Santo Cristo le mande un rayo al aguafiestas.

Pero no me voy a quedar con las ganas de echar mi cuarto a espadas. A continuación, la lista de sugerencias que tenía preparada para facilitar a Romero más y mejores bandos municipales, tomadas todas de la tan admirada democracia del norte. Los ediles de cualquier denominación (que hoy en día las diferencias son sólo de nombre) que deseen aplicarlas tienen desde ya mi permiso, con la condición de que no me regateen el crédito:

En Nevada, las relaciones sexuales sin condón son ilegales; en Harrisburg, Pennsylvania, es contra la ley mantener relaciones con un camionero en el compartimiento de herramientas; la ciudad de Newcastle, Wyoming, prohíbe la misma actividad en los refrigeradores de las carnicerías y los severos padres de la Patria mantienen en Washington D.C. la prohibición de hacer el amor en cualquier postura que no sea la de cara a cara; el estado de Washington prohíbe el contacto íntimo con una virgen en cualquier circunstancia, ¡incluyendo la noche de bodas!

Estados en donde el sexo oral es ilegal y se penaliza: Alabama, Arizona, Florida, Idaho, Kansas, Luisiana, Massachusetts, Minnesota, Mississippi, Georgia, Carolina del Norte y del Sur, Oklahoma, Oregón, Rhode Island, Utah, Virginia y Washington D.C.

Estados en donde una erección evidente a través de la ropa (y denunciada, supongo) constituye una infracción: Arizona, Florida, Idaho, Indiana, Massachusetts, Mississippi, Nebraska, Nevada, Nueva York, Ohio, Oklahoma, Oregón, Dakota del Sur, Tennessee, Utah, Vermont, Washington D.C. y Wisconsin.

Para quienes crean que es imposible un ridículo mayor que el prohibir los besos, incluyendo los “olímpicos”, ojo a lo siguiente: en Willowdale, Oregón, es un delito que un marido susurre “palabras sucias” a su esposa durante el coito, mientras que en Clinton, Oklahoma, es ilegal masturbarse mientras se observa a una pareja hacer el amor en un auto.

Y se pone mejor: la ciudad de Kingsville, Texas, castiga el apareamiento de puercos en el perímetro del aeropuerto; en Fairbanks, Alaska, un bando municipal veda los de alces en las aceras de la ciudad, y en la muy liberal California el condado de Ventura impide que los perros y gatos se hagan el amor (no se especifica si cruzados o con su misma especie) sin un permiso del Cabildo.

Servido, señor Alcalde.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Lo amenazan, pero no se detiene


Por: Sergio Armando López-Castillo .
Chihuahua, México.

La gente comenzó a preguntarse adentro y afuera del Centro de Convenciones: ¿A quién cuidan estos guarros?, ¿Va a venir el gobernador a la clausura del Foro Universitario?, ¿Serán guaruras del ministro Góngora Pimentel, que él trae de la Ciudad de México?...

Ni una ni otra cosa, respondieron algunos de los organizadores del evento que concluyó el viernes con la exposición de Murray, un filósofo colombiano que aseguró que en el Distrito Federal hay más policías que en Bogotá, y que aumentar el número de éstos no resolverá el problema de la inseguridad y el narcotráfico en ningún país.

Los tres hombres y una joven mujer de traje oscuro, con pequeños audífonos al oído, que se intercomunicaban entre sí, a quien cuidaban fue al escritor Francisco Martín Moreno, quien tomó parte como primer conferencista del viernes en ese encuentro universitario.

¿Pues quién es ese señor tan protegido? Se cuestionaban algunos alumnos muy jóvenes de las instituciones de educación superior, quienes sólo sabían del nombre del novelista investigador, por el programa de mano que les fue entregado por Flor María Vargas, a la entrada del salón de las exposiciones magistrales.

Pocos podían atinar que Moreno, hombre frágil, ahora con lentejuelos notables y caminado pasmado y suave, era el conferencista que estaban siendo protegido por esos cuatro agentes de seguridad que no se le despegaron ni un segundo durante la ponencia.

…”Es que recibió amenazas graves horas antes de presentarse en el espaciosos centro de Convenciones y Exposiciones de Chihuahua”, comentaron otros de los co-organizadores del Foro. –Por eso el secretario Ejecutivo del Colegio de Abogados de Chihuahua, Santiago De La Peña Romo, pidió al gobierno del Estado el apoyo de seguridad para el escritor, se ahondó en la sala.

Efectivamente, Francisco Martín Moreno fue advertido de que no se presentara en el lugar del evento de reflexión universitaria, porque peligraría su vida. Tal vez de la autoría de esas felonías nunca se sepa, pero hay quienes aseguraron que son obra de grupos trasnochados de la ultraderecha mexicana a quienes Moreno les resulta incómodo por sus libros profundos.

Entre otros, el escritor es autor de: “México Negro”, “México Acribillado”, “Cicatrices del Viento”, “La disculpa”, “Mexicanos a Contraluz”, “Grandes Traiciones de México”, “Cartas a un Mexicano”, y otras novelas políticas de gran interés como “México mutilado” y México Sediento”.

En esos volúmenes, bien documentados y acuciosos, Moreno afirma que ha pretendido rescatar y poner de nuevo a la historia nacional, muchos “letreros” que los mercenarios del país le quitaron, para tergiversar y cambiar las cosas en México, sobre todo en lo que toca a las tres grandes heridas de la nación; a saber, la Independencia, la Reforma y la Revolución.

Por cierto, en este último capítulo de reciente celebración, en su charla, sereno, seguro y sin miedo, Francisco Martín Moreno dio datos que dan la conclusión de que la gesta revolucionaria no inició ni tuvo su momento más álgido y real el 20 de noviembre de 1910…

No. Aseguró el novelista, y explicó: “la auténtica Revolución Mexicana tuvo su momento toral en el año de 1913 cuando Victoriano Huerta con el apoyo del presidente Wilson de Estados Unidos, asesina a Francisco Indalecio (No Ignacio, como dice el texto oficial de las escuelas) y se provoca una gran conflagración que tuvo como saldo poco más de 1 millón de muertos”.

Justamente sobre la historia ordinaria que “muchos traidores” han escrito, y que se ha enseñado a muchas generaciones en México, Francisco Martín, se refirió a que sólo en partes es verdadera; en otras está dicha con imprecisiones, verdades a medias y engaños, sostiene pensativo en el pódium.

Según el escritor, considerado uno de los más temerarios y con mayor número de ediciones y ejemplares vendidos en el país, parte de su objetivo en la confección y publicación de sus trabajos, es precisamente descubrir los episodios reales de nuestro pasado histórico, para no repetir los errores y ver con precisión al futuro.

Tal vez por esa causa, el novelista de la historia nacional, sea uno de los pocos creadores de la literatura que mayor asedio recibe de fuerzas reaccionarias, fundamentalmente de la Iglesia Católica y el Ejército, lo que confirma él mismo cuando afirma que “pero no importa, no queda otro remedio que investigar y contar la verdad, estoy conciente que al cabo no soy monedita de oro para caerle bien a todos”, parafraseando a un popular cantautor mexicano, ya desaparecido.

Sobre esas dos grandes fuerzas e influyentes sectores nacionales – Jerarquía eclesiástica y la milicia- Fco. Martín Moreno afirma convencido, que en sus indagatorias literarias, siempre se los ha encontrado a través del tiempo histórico mexicano, por lo que consideró que ambos “poderes” son ineludibles en sus textos, aunque hablar de sus intervenciones y traiciones, resulte peligroso.

Finaliza con una especie de exhorto al auditorio, en el sentido de que México y su gente tiene que dejar de ser un país temeroso, arisco, inseguro, para pasar al de la conciencia, la reflexión, la acción y la protesta. Luego invita a que aprendamos a protestar ante las farsas y los engaños que nos tratan de imponer quienes detentan el poder con intereses inconfesables y además torciendo la propia historia… Agradece y se despide; sale del lugar y los guardias lo siguen.

Afuera, custodiado por dos camionetas blancas sin matrícula visible, le acompaña Santiago De La Peña, quien discretamente les indica a los centinelas que sigan su auto con emblema BMW, hacia la Calesa.

sábado, 18 de octubre de 2008

De estadistas y populistas


El rasgo distintivo en el populismo es la aparición de dirigentes con una notable autoridad personal sobre la masa, a los que Weber definió como “líderes carismáticos”. El estudio de estas personalidades es hoy una disciplina académica que los analiza no sólo en el contexto de la movilización de masas sino en otros ámbitos sociales, en donde se singularizan por una confianza muy elevada en sí mismos, dominio y fuertes convicciones en sus creencias, visión compulsiva o sentido de propósito; capacidad de comunicar esa visión en términos claros, de manera que sus seguidores puedan identificarse fácilmente con la misma consistencia y enfoque en la persecución de su visión y conocimiento y capitalización de sus puntos fuertes.

Como fenómeno social, el populismo y su componente el liderismo, es esencialmente una palanca de transición desde una sociedad tradicional gobernada colonialmente a una sociedad moderna políticamente independiente. Otros autores hablan de populismos “premodernos” y “postdemocráticos” desde un observatorio académico más complejo que analiza el fenómeno como parte estructural de la transformación de las sociedades occidentales.

Los estudiosos coinciden en que un líder carismático o populista es por definición un gran comunicador. Siendo ésta una característica obvia, pareciera que no siempre significa “gran orador”. Por citar dos ejemplos, Churchill, tartamudo hasta la adolescencia, no poseía ni voz ni ademanes excepcionales, aunque sí una capacidad sobresaliente para construir metáforas y una singular energía para escribir discursos (jamás improvisaba) que al final de su vida política sumaban cuatro millones de palabras; Lázaro Cárdenas, al otro lado del Atlántico, fue apodado “La Esfinge de Jiquilpan” por su hieratismo. Y sin ser un orador fogoso, supo construir, quizá como ningún otro líder carismático en América Latina, una compleja simbología que no sólo tuvo una función comunicativa, sino que también incidió en la comprensión, en el entendimiento y en la acción, de su gobierno.

Según el politólogo inglés Anthony King, el líder comunicador -una de tres categorías que propone para conceptuar los diferentes rasgos del liderazgo carismático- es “alguien que busca presentar al público una imagen de sí y quien busca a través de esa imagen, imprimir en el público bien una serie de valores e ideas […] o si no una visión de sí que sirva para sus propias intenciones políticas.”

Admitiendo, pues, el rasgo de “comunicador” como fundamental e incluso sine qua non de la persona que ejerce el liderazgo carismático o populista, y previniendo contra el error de equiparar “comunicador” necesariamente con “orador”, parece claro que si bien tal característica facilita el ascenso de un individuo al frente de un movimiento de masas, es insuficiente si no se organiza y se aplica una política de comunicación compleja, estructurada a partir de los principios de la doctrina, y cargada de simbolismos que permitan insertar en la masa determinadas imágenes mentales que justifiquen y den sentido a su participación en el movimiento.

Otro rasgo de los líderes populistas es una capacidad innata para sintonizar(se) a la masa. Otto Strasser, el único izquierdista del nacionalsocialismo alemán, expulsado del partido y exiliado del Tercer Reich, observó este fenómeno en Hitler: “Responde a las vibraciones del corazón humano con la precisión de un sismógrafo o de un aparato radiorreceptor, y eso le permite convertirse en el amplificador de los más secretos anhelos y del sufrimiento de toda una nación. Posee una intuición sobrenatural con la que diagnostica certeramente los males que agobian a su auditorio. Cuando pretende adornar sus discursos con teorías o citas, es incomprendido y no logra elevarse más allá de una imperfecta mediocridad. Pero cuando responde a su propia pasión, se transforma en uno de los grandes oradores y dirigentes del siglo, con frases certeras como flechas, capaces de tocar cada herida íntima, liberar el inconsciente de la masa, traducir sus aspiraciones más profundas y decir a cada individuo aquello que más desea escuchar.”

“¡Nunca en el campo de los conflictos humanos, tantos le debieron tanto, a tan pocos!”, exclamaba Churchill en las emisiones de la BBC durante el fragor de la Batalla de Inglaterra para al hablar de los aviadores que expulsaron a la Luftwaffe de los cielos ingleses. Y al Parlamento: “¡No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor!”, frases que pasaron al imaginario colectivo y se convirtieron en puntos de encuentro de las voluntades individuales. “¡Francia ha perdido una batalla, pero no ha perdido la guerra”, gritó De Gaulle a sus compatriotas, antes de recordarles que “sólo los muertos no tienen problemas”, en tanto que el Mahatma sentenciaba que “ojo por ojo… y ¡todos quedaremos ciegos!” En estos ejemplos encontramos la constante de que el líder traduce y pone en frases certeras y eufónicas un sentimiento popular. El “¡No pasarán!” de la Ibárruri en las barricadas madrileñas, no requiere de manuales o interpretaciones ideológicas. “El hombre promedio, y con mayor certeza las masas, sucumbe casi infaliblemente al poder de la palabra, sin preocuparse por la verdad inherente de la misma”, escribe Hadamovsky en el único libro conocido sobre la doctrina de la propaganda nazi.

Dicho lo anterior, al escribir sobre el pasado, esa “nación extranjera” de la que hablaba Gore Vidal, el historiador debe tener cuidado de no interpretar los hechos en un espejo de su propio tiempo, es decir, de sus ideas, prejuicios, deseos y caprichos, sino más bien atravesar el espejo e ingresar en ese territorio ajeno para averiguar qué fue lo que realmente sucedió o, literalmente, cómo fue la realidad.

Molcajeteando…

Debo a mi querido y admirado amigo Juan Gargurevich, la convocatoria para una sensacional maestría en la que desde luego pienso enrolarme. El cupo es limitado:

Primer trimestre: i) Orígenes de las parrandas; ii) El alcohol y su función como lubricante social; iii) Introducción a la Jarra y el Vaso; iv) Dominó I; v) Taller: Matemáticas Financieras del bebedor (cómo evitar pagar bebidas de más, cómo cobrar vueltos 'olvidados' a los meseros, cómo calcular propinas, técnicas para evitar pagar rondas de más y otros).

Segundo trimestre. I) Tragonometría I : El alcohol como sustituto del Psiquiatra; ii) Discusión I : Bebidas en la Playa I , Bebidas Caseras I. Introducción al manejo del Tequila; iii) Dominó II; iv) Comidas y canciones que no combinan con el alcohol.

Tercer trimestre. i) Tragonometría II; ii) Importancia del ron en la toma de decisiones; iii) El alcohol como complemento en eventos deportivos; iv) Logística y ubicación del trago; v) Consecuencias de conducir bajo los efectos del alcohol; vi) Introducción del Conductor Designado (cómo evitar ser uno); vii) Cubilete I; viii) Discotecas, cafeterías, barras, centro cerveceros, barras-show y tiendas de conveniencia; ix) Relatividad de la belleza de la mujer según el nivel de alcohol (la mujer que bebe es del que está al lado); x) Hacer base: Ventajas y desventajas; xi) Teorías del bebesolismo.

Cuarto trimestre. i) Resaca I; ii) El alcohol como complemento en celebraciones (tipos de bebida según la celebración); iii) Cómo controlar a un borracho; iv) Amigos, casi-hermanos y compadres: Diferencias básicas; v) Licores clandestinos, mito o realidad; vi) Cubilete II; vii) Jurisdicción del borracho; viii) Técnicas avanzadas de ocultar el estoque ( como hablar e inhalar al mismo tiempo).

Quinto semestre. i) Excusas Familiares Básicas (optativo); ii) El alcohol como mecanismo de escape; iii) La comunicación, herramienta importante en la parranda; iv) Consecuencias de beber fiado; v) Open bar; vi) Tragos de hombres y mujeres; vii) Pensamientos después de la parranda; viii) Sentimientos de culpa I, cómo controlarlos.

Sexto trimestre. i) Excusas Laborales Avanzadas; el alcohol como liberador de tensiones; ii) Ética profesional del bebedor; iii) Sentimientos de culpa II, cómo eliminarlos; iv) Tratamiento para las resacas agudas; v) Llamadas telefónicas a ex-novias: Ventajas y Desventajas; vi) Técnicas de vocalización básicas para el Karaoke (optativo); vii) Trabajos de Grado (en grupos); viii) ¿Son Anónimos los Alcohólicos?; ix) Rally del Borracho.

domingo, 17 de agosto de 2008

La lección de Rascón Banda


Por Gabriel Contreras
Milenio Diario

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Respondiendo a una atenta y atinada sugerencia de JEGH, hoy no escribiré de tacos, esófagos y endoscopias.
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Escribo rápidamente alguna anotación en torno al teatro de Víctor Hugo Rascón Banda.
3
Hay un par de aspectos que me resulta interesante observar en relación con el trabajo teatral de Rascón Banda.
3
Primero, me parece importante señalar no la actitud sino la maquinaria artística de Rascón Banda frente a algunos conflictos.
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A través de piezas como “Abran las puertas”, “Mascara contra cabellera” y “Contrabando”, Rascón abordo y desmonto algunos de los paisajes de la violencia y el mito en Mexico.
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A Rascón le intereso apasionadamente lo que solemos llamar el Mexico profundo, al igual que le atrajo el Mexico bronco y el Mexico relajiento, desmadroso y nocturno.
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Pero, ojo, su interés no tiene nada de particular, ya que desde los días de las tandas y de la revolución los temas populares atrajeron a nuestros escritores teatrales. Ahí, digamos, no hay novedad ni contribución alguna de su parte.
6
Lo realmente llamativo del teatro de Rascón es que, influido radicalmente por el maestro Vicente Leñero, supo experimentar con temáticas provistas de una gran complejidad política, pero sin ceder jamás a las típicas maquinarias del realismo simplón, esas herencias, esos lastres del pasado inmediato.
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Rascón se dispuso, al igual que Leñero, a crear autenticas maquinarias dramáticas eficaces, claras y realmente problemáticas.
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Asi, junto a otros dramaturgos de su generación, autores rebeldes como Juan Tovar, Jesús González Dávila y Oscar Liera, Rascón Banda contribuyo a la renovación del lenguaje teatral en Mexico.
8
A través de una dramaturgia despierta, inquieta y difícil de clasificar, Rascón nos ayudo, y nos ayuda aun, a despojarnos de los lastres de nuestros ancestros, a superar las antiguas maquinarias de autores como Carballido, Arguelles y otros tantos escritores enclavados en un teatro sin futuro, un teatro técnicamente chato, provinciano, ranchero, no pobre sino pobretón, apuntado hacia el pasado.
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Rascón es un autor heterodoxo, un autor inquietante, un autor rompedor. Paradójicamente, poseyó una visión estilística cosmopolita frente a los mismos dramas populares de siempre (el delito, la vida del artista, la vida rutinaria, etcétera), pero al mismo tiempo contribuyo a cambiar nuestra mirada en relación con el manejo de las estructuras dramáticas. Asi, en piezas como “Tina Modotti”, Rascón Banda nos acerco a un teatro secuencial, cortazariano y, digamos, desmontable, creado a base de módulos intercambiables, repetibles y alterables. Hay, creo, en esa obra, y en otras de gran malicia imaginativa, como “Mascara contra cabellera”, una gran lección de libertad, de estrategia creativa, y un afán de renovar estructuras.
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El teatro mexicano ha perdido mucho con la muerte de Rascón Banda. Era un escritor con todas las de la ley

viernes, 15 de agosto de 2008

La crítica cinematográfica


Columna: Juego de Ojos
Por: Miguel Ángel Sánchez de Armas
Xalapa, Veracruz, México.


Uno de los géneros periodísticos quizá menos conocidos pero de gran importancia en la actual sociedad audiovisual es la “crónica cinematográfica”. Tan especializada como la entrevista y el reportaje de fondo, tiene sin embargo aún pocos exponentes. Por ello hoy me honra compartir con usted el texto de mi colega, el profesor de la UPAEP Alfredo Naime Padua, un experto en el tema:

“La crónica cinematográfica, que se cumple por la vía de cualesquiera de las modalidades del periodismo, es a fin de cuentas un resultado más de la apreciación del cine; pero de aquella a la que no le basta el mero disfrute, sino que se ha impuesto como tarea la valoración, explicación y conclusiones de la obra fílmica confrontada. Pero antes de profundizar, permítanme regresar a lo más básico…

“Dícese frívolamente de la crónica que es ‘un artículo de prensa sobre temas de actualidad’. ¿Es el cine un ‘tema de actualidad’ como para que se justifique la crónica cinematográfica? Lo es. El cine parece tener a diario suficientes argumentos como para que seriamente se la preste atención. Y es por supuesto el cronista cinematográfico el que --por lo menos en teoría-- lo hace de manera especializada.

“Sin embargo este personaje, el cronista cinematográfico, no se contenta con la mera relación de hechos, ordenados en el tiempo, que perfilan a esta o aquella película en su primera y más superficial lectura. Incorpora en su tarea, además, el rasgo de la CRÍTICA en su acepción ‘cultural’ (digamos) más clásica: arte de juzgar las obras artísticas. Y es por este rasgo, por este afán crítico, que el cronista cinematográfico consigue matizar su carácter de relator con la siempre delicada responsabilidad del análisis valoral y el juicio estético.

“Es quizá a partir de los 50s y los jóvenes escritores franceses de los Cahiers du Cinema que el cronista cinematográfico es entendido como un crítico de arte que debe ir más allá de circunstancias anecdóticas para centrar su atención en los qués y porqués capaces de cualificar o demeritar los valores de la obra fílmica, para aplicarle a partir de ahí un juicio concluyente de su estatura artística.

“La crónica de cine incluso utiliza, desde hace ya años, palabras como discurso, estructura, ruptura, atmósfera, etc.: términos que sin duda se adaptan al acercamiento que es posible conceder al cine en nuestros tiempos.

“Pero en fin: es un hecho que en el presente la crónica/crítica cinematográfica es una especialidad del periodismo, no siempre --lastimosamente-- ejercida por especialistas, lo que con demasiada frecuencia deja a miles de lectores o escuchas expuestos al azar de un chiripazo, de un desconcierto lastimoso, y hasta del humor involuntario fruto de la falta de preparación frente al propio medio.

“Así, para manejar la valoración fílmica es por supuesto imprescindible ser un observador cuidadoso y saber escribir, pero también y centralmente entender de cine, de su teoría y lenguaje, de sus dinamismos e historia, de sus recursos y sintaxis. El cronista cinematográfico, no tengo duda, debe tener además de una formación sólida, una específica frente al medio: algún bagaje de instrucción frente a la narrativa que nace del articulado lenguaje de las imágenes en movimiento.

“Resulta difícil establecer de manera absoluta, cual si se tratasen de infalibles ingredientes y pasos de una receta de cocina, cuáles son las características de la crónica/crítica cinematográfica. Quizá en gran medida porque este ejercicio periodístico especializado es más una expresión de la propia personalidad que el reflejo de una especial sabiduría o de un notable ingenio. Así pues, cada pluma borda sobre el cine con elementos, método y recursos distintos, significándose cada autor por un estilo individual que no se somete a características limitantes.

“Aún así, me atrevo a algunos rasgos de la crítica fílmica que yo entiendo…

“Me parece que la buena y verdadera crítica no es aquella que vuelca conceptos de ‘bueno’ o ‘malo’ como juez de la obra de arte que valora, sino la que establece con claridad y fundamento por qué bueno o por qué malo, a fin de que quien lee o escucha el juicio, aunque no lo comparta, lo respete como fruto de un esfuerzo analítico.

“La crítica cinematográfica no ha de develar el argumento de la película como recurso para ‘resolverla’, porque no es así como se resuelve una obra que el público ya vio o está por ver. Lo que debe hacer es plantear, ubicar y someter a análisis a la cinta, para despejar los entretelones o lecturas de fondo que, complementándose, entrañan cualquier verdadero valor que en ella late. El cronista puede por supuesto recurrir a una sinopsis argumental --de contexto-- que ni defina ni concluya a lo narrado.

“El ejercicio crítico no se hace para regañar. Cobra sentido en la medida en que se entienda que su proceso de reflexión busca puntualizar todo aquello que subyace en la película y no aparece de forma evidente en su superficie. El peor crítico, como el peor cine, es aquel que se toma atribuciones que no le corresponden; regañar es una de ellas y de las más detestables.

“Puesto que en lo general el cine carece, por su carácter ampliamente popular, de las pretensiones dificultosas del gran arte, la crítica cinematográfica debe mantener un tono acorde de sencillez, no culterano, con muy poco o nada de rígida y almidonada intelectualidad; y, eso sí, pleno de chispa y frescura. Vale más el desenfado y la claridad de la agudeza, que la farragosa formalidad de lo complicado que puede tornarse incomprensible.

“Aunque ya está claro que la crónica cinematográfica no debe adolecer de juicios de valor, quien escribe debe asumir con buena conciencia que esos juicios, por muy definitivos que le parezcan, se entregan al lector o audiencia cuando mucho como ‘sugerencias’ --sin duda bien intencionadas-- para que cada cinéfilo construya su propia película y en ese proceso ratifique o rectifique su percepción de la misma; o incluso, desde su propia situación ratifique o rectifique --por acertados que parezcan-- los enunciados del cronista.

“Permítaseme ahora una idea que muchos comparten, aún y cuando sea difícil de comprobar; no enfrenta igual la película el cronista de cine que el cinéfilo común sin tal responsabilidad. Y por supuesto no pienso en las lógicas diferencias profesionales como vocación, formación específica, aptitud, etc. Me refiero a aquellas que se generan en la sala de proyección desde idénticas butacas de cinéfilo. Algunas de las principales que encuentro:

“El espectador llega a la película a divertirse después de trabajar; el crítico llega a trabajar (tal vez después de divertirse).

“El cinéfilo privilegia en la película ‘lo que pasa’; el cronista privilegia además (o debiera, en teoría) cómo pasa lo que pasa.

“El cinéfilo, mientras ve, se ocupa tan sólo de la obra que tiene enfrente; el crítico en cambio la valora también en función de referencias teóricas, genéricas y filmográficas previas, construyéndole así un marco de juicio mucho más amplio. Y aunque la función del cronista es vigilar el presente y no anticipar el futuro, también puede atreverse a él --al futuro-- a partir de lo que vislumbra hoy: de la presunta obra de un cineasta por ejemplo, o tal vez de las alturas a las que puede llegar un actor.

“Finalmente, un poco en broma y un poco en serio, tampoco puede objetarse esta otra diferencia entre el cinéfilo común y el cronista: uno paga por ver; el otro cobra por ver (no mucho, por cierto), sin que siquiera sea condición que quienes le leen o escuchan concuerden con sus opiniones.”

martes, 15 de julio de 2008

La muerte del viejo


Hace 47 años, el 3 de julio de 1961, el gran “Papa” Hemingway se quitó la vida. En una habitación de su casa solariega en Ketchum, estado de Idaho, colocó el cañón de su escopeta en el paladar y jaló el gatillo. Así dijo adiós a las armas el Viejo y se internó en el mar de la eternidad, rumbo a las verdes colinas en donde las campanas siempre doblan a vida y no hay ya más quinta columna que la de los hombres que han encontrado la luz.

El legado de Ernest fue la inmortalidad de su literatura. El morbo de quienes le recuerdan primero por una vida compleja y caótica no hace mella en su arte. Después de la muerte, dos conocidos declararon que durante los siete meses anteriores Hemingway era un fantasma de lo que había sido. ¿Y? Quien haya visitado Finca Vigía en las afueras de La Habana no me dejará mentir: esos artistas pueden abandonar la carne, pero su energía queda ahí.

Como regalo veraniego a los lectores y con el deseo de que más de uno corra a la librería y compre los libros –lo cual es más productivo, más placentero e infinitamente menos costoso que irse a la playa-, algunos fragmentos hemingwayianos:

De “Los asesinos”, de Hombres sin mujeres:

“Recordaba perfectamente la época de su plenitud, apenas hacia tres años. Recordaba el peso de la chaqueta de torero espolinada de oro sobre sus hombros, en aquella cálida tarde de mayo, cuando su voz todavía era la misma tanto en la arena como en el café. Recordaba cómo suspiró junto a la afilada hoja que pensaba clavar en la parte superior de las paletas, en la empolvada protuberancia de músculos, encima de los anchos cuernos de puntas astilladas, duros como la madera, y que estaban más bajos durante su mortal embestida. Recordaba el hundir de la espada, como si se hubiese tratado de un enorme pan de manteca; mientras la palma de la mano empujaba el pomo del arma, su brazo izquierdo se cruzaba hacia abajo, el hombro izquierdo se inclinaba hacia adelante, y el peso del cuerpo quedaba sobre la pierna izquierda... pero, en seguida, el peso de su cuerpo no descansó sobre la pierna izquierda, sino sobre el bajo vientre, y mientras el toro levantaba la cabeza él perdió de vista los cuernos y dio dos vueltas encima de ellos antes de poder desprenderse. Por eso ahora, cuando entraba a matar, lo cual ocurría muy rara vez, no podía mirar los cuernos sin perder la serenidad.”

De “Los jóvenes que despiertan al amanecer”, de Androgyne mon amour:

“Los jóvenes que despiertan al amanecer pueden asustarse de ser expulsados con demasiada rapidez de sus protectores sueños de una madre, no recordados. Repentinamente, entonces, pueden sentir la verdadera enormidad de la exposición a la casualidad. La mañana que recién comienza, está colmada de demandas susurradas que ellos sospechan no poder satisfacer. ¿Y en quién pueden confiar suponiendo, temerariamente, que todavía sean capaces de confiar sino en alguien (tú) cuyo nombre ha regresado a la confusión de muchos nombres de anoche? Te miran con precaución mientras te das vueltas y suspiras en sueños. Están envidiosos de ti, de tu sueño, que todavía te protege de los susurros que se hacen más audibles cada instante. Se sientan, con cuidado, en el borde de tu cama, agobiados y temblorosos como viejos sentados en los bancos, tosiendo con tos de fumadores… Pregunta: Si no estuvieras durmiendo ¿los llevarías otra vez contigo al cálido olvido, o, si te despertaras en este momento, acaso ellos no serían para ti tan sin nombre como tú para ellos, y aún menos confiables? Probablemente sí, ya que el recelo es, entre las divisas heráldicas del escudo de tu corazón, la que parece más indeleble, como si estuviera tallada allí, o grabada a fuego. ¿Qué les queda por hacer entonces, más que sentarse cuidadosamente al borde de tu cama, mirando de soslayo la prisión de luz que ha traído la mañana? ¿Será mejor a las diez que a las siete? Otra pregunta cuya respuesta, equívoca, espera en el magistral tictac del reloj, de tantos, tantos relojes. Y así, sin que nadie haya pronunciado sus nombres ni haya tocado sus cuerpos agobiados, descienden otra vez al misterio de la cama, tras haber cerrado los postigos para dejar atrás el día un atardecer más.”

De Por quién doblan las campanas:

“Después se acomodó lo más cómodamente que pudo, con los codos hundidos entre las agujas de pino y el cañón de la ametralladora apoyando en el tronco del árbol. […]

“Cuando el oficial se acercó al trote, siguiendo las huellas dejadas por los caballos de la banda, pasaría a menos de veinte metros del lugar en que Robert se encontraba. A esa distancia no había problema. El oficial era el teniente Berrendo. Había llegado de La Granja, cumpliendo órdenes de acercarse al desfiladero, después de haber recibido el aviso del ataque al puesto de abajo. Habían galopado a marchas forzadas, y luego tuvieron que volver sobre sus pasos al llegar al puente volado, para atravesar el desfiladero por un punto más arriba y descender a través de los bosques. Los caballos estaban sudorosos y reventados, y había que obligarlos a trotar. […]

“El teniente Berrendo subía siguiendo las huellas de los caballos, y en su rostro había una expresión seria y grave. Su ametralladora reposaba sobre la montura, apoyada en el brazo izquierdo. Robert Jordan estaba de bruces detrás de un árbol, esforzándose porque sus manos no le temblaran. Esperó a que el oficial llegara al lugar alumbrado por el sol, en que los primeros pinos del bosque llegaban a la ladera cubierta de hierba. Podía sentir los latidos de su corazón golpeando contra el suelo, cubierto de agujas de pino.”

De Un lugar limpio y decente:

“¿Qué temía? No era temor o miedo. Era una nada que él conocía demasiado bien. Todo era nada y un hombre era también nada. Algunos vivían en ella y nunca la sentían, pero él sabía que todo era nada y pues nada y nada y pues nada. Nuestra nada que está en la nada, nada sea tu nombre y nada tu reino y tuya será la nada en nada como es en la nada. Danos esta nada, nuestra nada de cada día y nada a nos en la nada, pero líbranos de la nada; pues nada.”

De Verdes colinas de África:

“Los buenos escritores son destruidos en su país y sus talentos marchitados por exceso de ambición, por los elogios desmedidos, por sus pretensiones de intelectualismo y de superioridad.

“En cierta época de sus vidas, los escritores suelen convertirse en líderes. ¿A quiénes conducen? Poco importa. Si no tienen discípulos los inventan. Y es inútil que aquellos que han sido escogidos como discípulos, protesten. En este caso se los acusa de deslealtad... Hay otros que ensayan salvar su alma con 10 que escriben. Es un medio fácil. Otros, todavía se arruinan por la primera suma de dinero recibida, la primera alabanza, el primer ataque, la primera vez que descubren que no pueden escribir, o bien se asustan e ingresan a asociaciones que piensan en lugar de ellos.

“Piojos de la literatura, gusanos para anzuelo, metidos en una botella, que tratan de derivar conocimientos y alimento de su propio contacto.”

Molcajeteando…

La sombra del “News Divine” nos habrá de acosar como las Erinias -hijas de sangre inocente derramada- hasta en tanto no se haga justicia. Habrá quien crea que el cese de dos altos funcionarios del gobierno capitalino y la consignación de algunas docenas de agentes, entre ellos un jefe policiaco de cierta importancia, es evidencia de que estamos ya en el Imperio de la ley, pero en realidad apenas se trastabillea… y no es seguro que sea en ese sentido.

El valiente ombudsman Emilio Álvarez Icaza dijo que hoy se han tomado medidas hasta hace poco impensables en tragedias sociales atribuibles a la autoridad, pero yo creo que estamos en peligro de un gatopardismo. La secuela del incidente confirma que la clase política, sea de derecha, de centro o de izquierda, progresista o reaccionaria, es por encima de todo implacable y astuta para mantenerse en el poder. La diferencia entre el triste espectáculo de un Joel Ortega vociferando que no permitiría “el desprestigio” de una larga carrera, y la elegante callosidad de un Marcelo Ebrard al asegurar que tomará “las decisiones que correspondan”, es sólo de escenografía.

Entre el “halconazo” del 10 de junio de 1971 y el “antrazo” de hace unos días, sí hay un país distinto, pero en lo electoral y muy poco en materia de justicia. No ofenderé la inteligencia de los lectores con ejemplos. A 37 años, hay presuntos responsables señalados, algunos ya fallecidos (Echeverría, Moya Palencia, Nazar Haro, De la Barreda Solórzano, Díaz Escobar, González Aleu, Delgado Reyes, San Martín Arrieta, Barrón Rivera, Romero Ramírez, Flores Reyes, entre otros). ¿En el 2045 la historia registrará otro listado de “presuntos” como resultado de las investigaciones de la carnicería provocada en la discoteca? La CDHDF impuso una recomendación que podría ser el detonador de acciones más profundas puesto que tiene que ver con la ética y con la moral del ejercicio del poder: ofrecer disculpas públicas y -esto no lo dijo la Comisión, lo digo yo- separarse del cargo, cual sucede eventualmente en sociedades que han transitado a estadios democráticos superiores y en donde hay una conciencia cívica generalizada de valores cívicos cuyo cumplimiento se garantiza por la aplicación de la ley, sí, pero también por el ejercicio del voto. Pero en el reino de la impunidad, a la exigencia de responsabilidad le llamamos “compló”, o, mejor aún, “confabulación mediática” –trátese de López Obrador, de Marín, de González Márquez, de Oliva Ramírez, de Guerrero Reynoso, de Ulises Ruiz, y una larga lista de “servidores públicos”. Y no escapan quienes ahora santurronamente se lavan las manos y esperan complacidos la caída de sus “enemigos políticos”, sin comprender que pueden estar celebrando en la cubierta del Titanic. A finales del 2007, durante unos disturbios en Ecuador, apareció una pinta que traduce un extendido sentimiento: “Acabemos con el crimen organizado. Eliminemos al gobierno.”

Tener la entereza de firmar, motu proprio, una renuncia, es lo que diferencia a los íntegros de los arribistas.

viernes, 4 de julio de 2008

Del encuentro de poesía y política


El título de esta columna probablemente me costaría la patente de periodista en un país ordenado, pero en el “Reyno del A’isevá”, del “Qué Tanto es Tantito” y del “Todos Pintos”, los usos y costumbres son ley y así como sufrimos gobernadores “preciosos”, “piadosos” y “dañosos”, y expresidentes parlanchines que navegan por el mundo dando consejos que en su tiempo no escucharon, también padecemos columnistas que con toda impunidad publican cócteles tan poco probables como el que se enuncia arriba (aunque pensándolo bien, quizá escriba inficionado por la nerudiana “Incitación al nixonicidio…”). Vale.

Todo comenzó cuando en un ejemplar de 1939 de The Atlantic Monthly encontré el -para mí- alucinante artículo “Poetry and the Public World” de Archibald MacLeish, de donde tomé una breve cita para JdO del 10 de junio: “[…] habla de cómo la poesía y la revolución política encuentran terreno común en un mundo cambiante”.

Ello provocó la puntual respuesta del siempre atento Edmundo Murray: “Lo extraño es que el propio MacLeish le da a la poesía un lugar muy lejos de todo lo que no es (y la política, creo, está lejos del ser)”. Y cita, naturalmente, la sentencia lapidaria de “Ars Poetica”.

Mi respuesta fue que MacLeish publicó “Ars Poetica” en 1926, y que a mi juicio, en 1939 -una gran depresión, un “New Deal” y una segunda guerra de por medio- el poeta habría cambiado, y quizá trastocado su relación con el mundo.
Dice MacLeish en el 26: “Un poema no debiera significar / Sino ser”. El propio Edmundo enriquece este sentido con “otra cita que pinta de cuerpo entero este espíritu de literatura per se: ‘No se me hable de política; todo lo que me interesa es el estilo’ (James Joyce a su hermano Stanislaus, 1938).” Y no olvidemos la acre respuesta de Faulkner a la impertinente pregunta de un reportero: “¿Técnica? ¿Me habla usted de técnica? Si mi profesión fuera la de ladrillero le podría contestar… ¡Yo soy escritor!”

Alarmado por la eventualidad de una cita errónea, regresé al ensayo, que inicia (en traducción libre mía):

“Hay una muy buena razón por la que la relación de la poesía con la revolución política debiera interesar a nuestra generación. La poesía, para la mayoría, representa la intensa vida personal del espíritu único. La revolución política representa la intensa vida pública de una sociedad con la cual el espíritu único debe, pero no debe, hacer su paz. La relación entre ambas contiene un conflicto que nuestra generación entiende: el conflicto entre la vida personal de un hombre, y la vida impersonal de muchos hombres.”

Compartí de nuevo mis reflexiones con Edmundo. Respondió:

“El comentario es que la literatura anglo y europea considera que quien escribe sólo debe hacer eso, escribir. Nada de periodismo, política o activismo. No me acuerdo ahora pero al final del artículo MacLeish deja bien claro desde qué perspectiva escribe. Acá los escritores, allá el resto del mundo. En América Latina la literatura es ancilar a la cotidianeidad de nuestras vidas. No se concibe el escritor puro, a la Borges.

Y unos días después:

“Pero hay otra clave, que es la diferencia fundamental entre la poesía (y la literatura) del mundo anglo-euro con la del mundo latinoamericano. Dice al final del artículo y en tiempo futuro, que para los poetas ‘American as well as English ... the time is near’. Pero a esa altura del partido unas cuantas decenas de poetas ya habían dado la vida en América Latina por causas políticas; y ni hablar de las centenas de políticos que en algún momento de su vida incursionaron por la poesía. Pero digo mal; en Nuestra América no hay políticos por un lado y poetas por otro. Es todo una ensalada maravillosa de luces y sombras que a mí me presentan un poeta más humano que el purista de academia o biblioteca. Lo que para MacLeish fue una posibilidad de generaciones futuras, para gente como César Vallejo fue un rito de pasaje tan natural como hacer el amor en un cementerio. La mezcla de periodistas, poetas, políticos todavía aterra y fascina en algunos antros académicos euro-yankis”.

En Wikipedia hay una pista acerca del cambio que creí intuir entre el MacLeish de 1926 y el de 1938:

“El trabajo inicial de MacLeish era muy tradicional y modernista y aceptaba la postura modernista contemporánea según la cual el poeta estaba aislado de la sociedad […]. Posteriormente rompió con el esteticismo puro del modernismo. Él mismo tuvo gran participación en la vida pública y llegó a creer que éste era un rol no sólo apropiado, sino inevitable para un poeta”.

De regreso al ensayo de MacLeish, encontré que desde su perspectiva el meollo del asunto no es si la poesía “debiera” tener que ver o no con la revolución política. “El asunto de fondo es si la poesía es de tal naturaleza, y la revolución política es de tal naturaleza, que la poesía pueda tener que ver con la revolución política, ya que se puede proponer que la poesía debiera hacer tal cosa o no debiera hacer aquella […]: la poesía no tiene más leyes que las leyes de su propia naturaleza”.

Sigue una perspicaz reflexión sobre la naturaleza de la poesía frente a la prosa y de ambas en su relación con el arte, que llevan a MacLeish a proponer que no existen ciertas experiencias apropiadas para el arte y otras que no lo son, y que tal limitación tampoco podría considerarse en el caso de la poesía, pues “aquello que la poesía permite reconocer, puede ser cualquier hecho”. Y precisa: “La poesía es a la emoción intensa lo que el cristal a la sal que se condensa o la ecuación a los pensamientos profundos: liberación, identidad y descanso. Lo que las palabras no logran puesto que sólo pueden hablar, lo que el ritmo y el sonido no logran como ritmo y sonido pues carecen de habla, la poesía logra ya que su sonido y su habla son un conjuro único.

“Sólo la poesía puede lograr esa fascinación de la mente que razona, esa liberación de la naturaleza que escucha, esa solución de las deflexiones y distracciones de las superficies del sentido, mediante lo cual se admite, se reconoce y se conoce la experiencia intensa. Únicamente la poesía puede presentar las más íntimas y por lo tanto menos visibles experiencias humanas en forma tal que los hombres, al leer, puedan exclamar: ‘Sí… Sí… Así es… Es así como realmente es.’

“La verdadera maravilla no es aquella que los diletantes literarios dicen sentir: la de que la poesía deba ocuparse tanto de un mundo público que tan poco le concierne. La verdadera maravilla es que la poesía se ocupe tan poco de un mundo público que le concierne tanto”.

¡Carajo! ¡Mi reino por un poema!

Molcajeteando…

Primero una pública petición de ayuda: para compartir con los amigos de JdO el ensayo de MacLeish, se solicita traductor al español (ocho páginas). Como pago anticipado vaya aquí el “Ars Poetica”, con versión al español de Benjamín Valdivia:
Archibald MacLeish. “Ars Poetica” (1926).

A poem should be palpable and mute / As a globed fruit, / Dumb / As old / medallions to the thumb, / Silent as the sleeve-worn stone / Of casement ledges where the moss has grown -- / A poem should be wordless / As the flight of birds.

A poem should be motionless in time / As the moon climbs, / Leaving, as the moon releases / Twig by twig the night-entangled trees, / Leaving, as the moon behind the winter leaves, / Memory by memory the mind -- / A poem should be motionless in time / As the moon climbs.

A poem should be equal to / Not true. / For all the history of grief / An empty doorway and a maple leaf. / For love / The leaning grasses and two lights above the sea -- / A poem should not mean / But be.

***

Un poema debiera ser palpable y mudo / como un fruto redondo, / mudo / como los viejos medallones al tacto, / silencioso como la piedra gastada / de los balcones donde crece el musgo— / Un poema debiera ser sin palabras / como el vuelo de los pájaros.

Un poema debiera estar inmóvil en el tiempo / conforme sube la luna, / y dejar, como libera la luna / rama por rama los árboles enredados de noche, / dejar, como la luna tras las hojas del invierno, / recuerdo tras recuerdo a la mente — / Un poema debiera estar inmóvil en el tiempo / como la luna al salir.

Un poema debiera ser igual a: / no es cierto. / Para toda la historia del dolor / un pórtico vacío y una hoja de maple. / Para el amor / los pastos inclinados y dos luces sobre el mar — / Un poema no debiera significar / Sino ser.